Lugares de antes

Fui a comprar telas a un lugar de la zona 1. Me transportó inmediatamente al pasado y llegar allí con mi papá. La tienda, los mostradores, el olor a telas, todo, sigue exactamente igual. Casi busqué al gerente que atendía a mi papá. Es increíble como tuve otra vez 10 años. Cómo hay lugares que tienen una realidad doble (la del pasado y la del presente), superimpuestas y cómo uno puede convivir con ambas.

Hay físicos que teorizan que el tiempo es un bloque en el que todo está sucediendo al mismo tiempo. Así explican cómo cambiar algo del pasado no tiene consecuencias en el futuro porque todo ya sucedió o está sucediendo o como sea que lo expliquen. Para uno de individuo, el tiempo una torre de recuerdos sobre la que uno va poniendo los más recientes. Buscar algo del pasado implica revisar ese edificio y eso implica modificarlo. Uno nunca recuerda sin cambiar el pasado. Ésa es la base de una buena terapia, porque redimensionar un trauma o entender algo trágico en el ahora, ayuda a que la historia personal cambie y uno pueda trascender.

Es bonito tener lugares que son portales del tiempo. Que nos transporten a momentos propios específicos y nos llenen de una nostalgia rica. No voy seguido a esa tienda, pero tengo que ir con cierta regularidad y el viaje me sorprende cada vez.

Dejarlo todo

Vivo en la misma casa desde que nací y de eso ya van a ser bastantes años. Salvo un par de veces fuera, éste ha sido mi lugar. Y me ha costado pensar en dejarlo. Pero… A veces me pregunto si estar aferrada a lugares y cosas nos ata y no nos deja trascender. Al menos eso dicen en las clases de budismo y meditación y espiritualidad y etc.

Tendemos a asignarle un valor emocional a cosas materiales. Es normal. Tenemos amuletos y supersticiones y tradiciones y el florero especial de la abuela… Papelitos escritos en momentos importantes. Cosas que no cuestan algo intrínsecamente, pero que valen mucho. Y, en principio, hasta de eso nos deberíamos poder despojar.

Me gustaría decir que voy por el camino del desprendimiento, pero conservo los utensilios de cocina de mi mamá que son más viejos que yo como tesoros. No creo que alguna vez mi alma acaparadora pueda lograrlo.

Zapatos nuevos

Cuando estaba en el colegio, los Rebook y los Keds eran LOS zapatos. Por supuesto no tuve muchos, ni al principio de la moda. Así que los pares que me regalaron los cuidé con el esmero de gente que sabe lo difícil que es tener cosas. No es malo el apreciar lo que uno tiene. Es malo tener miedo de no tenerlo. La posesión sin libertad es una forma de esclavitud… para el dueño.

Hay cosas que uno no puede perder en esta vida y recuperar después. El tiempo, principalmente. Aún así, lo gastamos sin pensarlo, porque no hay forma de detenerse, de decirle a las horas que no pasen porque uno quiere pensar muy, muy bien qué hacer con ellas. La vida se va y se lo lleva a uno, aunque uno no quiera. Todo lo demás, todo, todo, todo, está para usarse y gastarse y arruinarse si eso toca. Y volverlo a hacer.

Me acabo de comprar zapatos nuevos. Rosados. Y no me los quiero poner porque se arruinan. Así que tengo como propósito usarlos por lo menos una vez a la semana. Hasta que se arruinen.

Comencemos

Los cambios nos aterran. Por lo menos a mí, que me gustan los horarios y las cosas repetitivas y lo predecible. Pero por algo la mayor lección que me ha dado la vida es la inconstancia y la incertidumbre y cómo lo firme es por dentro, no por fuera. La única manera de caminar por un suelo que se mueve es tener el centro bien controlado y las rodillas suaves.

Nada, nada se queda igual. Y uno puede aprender a lo entender lo nuevo o llorar por lo que ya no está.

A veces hago ambas. Me cae mal que no siga lo que me gusta. Y me aterra no saber qué viene. Después me doy cuenta que nunca lo he sabido y aún estoy aquí. Sigo aquí. Y seguiré.

¡Feliz cumpleaños Mama!

Bueno Mama. Ya pasó otro año. ¿Qué te puedo contar que no sepas ya, si cada cosa que me pasa te pienso todavía?

El Canche está gigantesco, divertido, interesado por la vida. Este año le puso más atención al colegio porque se quiere ir a estudiar fuera y yo lo apoyo totalmente aunque se me parta el corazón de sólo pensarlo. Esa metamorfosis a hombre es casi un acto de magia. Las partes suaves se convierten en gentileza y las débiles en firmeza. Lo veo y me admiro cómo he criado a alguien tan ferozmente independiente, que es empático y cariñoso. Un chico serio y molestón. Un hijo que me empuja a ser una mamá que pone límites pero que puede hacerlo sin enojos. Hablar con él de todo y de nada se ha vuelto una de mis cosas favoritas. Y tiene novia. La primera que se lo tiene de la nariz y es lindo verlo ser tan gentil con ella. Sería tu chofer más atento.

Uy la Nena. ¿Viste que nos fuimos de viaje en junio en celebración de sus 15? Buena experiencia para conocerla bien. Increíble que paso tanto con ella pero fue hasta allí donde la entendí mejor. A principios de año le cambiamos el sistema y está mejor controlada, con más libertad y, obviamente, más contenta. Hemos tenido unas conversaciones serias y profundas de su vida que me dejan tranquila sabiendo su capacidad de razonar y tomar decisiones que le favorezcan. Está más bonita… No se viste ni cerca de como te gustaría y me alegro que tenga su propio estilo. No le ha agarrado el modo al colegio, pero creo que es más rebeldía que otra cosa. Espero que ya esté más convencida de lo que le conviene. Sería tu mejor alumna para bordar.

Yo estoy bien. Me siento mucho más joven de lo que me miro, el cuerpo ya comienza a delatarme. Pero logré muchas cosas geniales este año, mi tercer dan una de ellas. Sigo haciendo karate aunque, según tú, eso no sea de niñas y me lo gozo. Sigo en la radio, que es un trabajo complicado y demandante, ya podríamos hablar de política. Aunque no sucediera algo cataclísmico, los cambios que se han dado se fueron acumulando y hoy sí los siento. ¿Cómo llega uno a envejecer sin resentirlo?

Se viene un año de renovación. Tal vez un trabajo interesante. Graduación. 50 años… Suena que va a estar movido.

Como siempre, te extraño.

¡Feliz cumpleaños!!

Vacaciones

Uno aprecia su rutina (si es buena), justo cuando no la hace. Disfrutamos el no hacerla y luego regresar.

Ahorita me hace falta la mía. Pero me estoy disfrutando descansar.

Pausa

Me he reído demasiado con mis hijos los últimos días. Valieron la pena los años de límites y correcciones. Porque lo duro se los di también con amor.

Todo lo que vale la pena tiene momentos difíciles y aburridos. Cualquier cosa que entrenemos requiere repetición, corrección y perseverancia. Ninguna de esas tres palabras son parte de una fiesta desenfrenada. Y son lo más importante, más aún que el talento, la aptitud y el gusto. Uno hace y vuelve a hacer el ejercicio aunque ya esté harto. Y vuelve a aprenderlo a hacer para no tener defectos. Es lo que hay.

Lo mismo con los hijos. Las lecciones se vuelven a enseñar y las relaciones se vuelven a configurar. El trabajo de pastoreo es inagotable. Pero vale la pena.

Pan con mantequilla

Cuando me enfermaba del estómago, mi mamá me hacía atol de maicena. Cosa más desagradable. Pero me caía bien. Debo admitir que en medio del asunto, no me sabía tan mal. Ahora se lo hago a mis hijos. O pan con mantequilla.

Cada casa tiene su forma particular de arreglar enfermedades. Vicks, atoles, aspirinas… Y todas funcionan a su manera. Porque la mayoría de males menores se arreglan solos y lo que cuenta es el cariñito con que se atienden.

Yo ya no me hago atol. Pero sí huevitos tibios. Y pan con mantequilla.

A veces no importa

Me pasa que siempre quiero saber por qué. Tal vez creo que puedo solucionar todo.

A veces no importa. Simplemente porque no tiene remedio.

Así que, en vez de preguntar por qué, mejor pregunto qué viene después.

Soluciones temporales

Se arruinó la lavadora. Es una inconveniencia gigantesca (iba a decir tragedia, pero tampoco es para tanto) y, para mientras que la reparan, estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo. No es lo ideal, pero sirve.

Hay un problema fundamental cuando uno soluciona cualquier cosa de forma eficaz, aunque no ideal: generalmente las cosas se quedan en esa medio existencia sostenida hasta que verdaderamente se desbaratan. Y no es lo mejor llegar a eso. Lo mejor es encontrar la solución permanente, implementarla, aunque en medio uno pueda espantárselas. Es un poco estar menos cómodo en lo averiado.

Mañana me dicen si tiene reparación el aparato. O si necesito uno nuevo. Porque, así como estoy, no lo sostengo mucho tiempo. Podría… pero no quiero.