Cambiamos para ser iguales

Mañana me cambio el primer tatuaje que me hice. Es un dragón. Amo los dragones. Me lo hice con todo el miedo al dolor, a la regañada de mis papás, al no saber si realmente quería uno que puede caber en un tatuaje. Lo llevo desde hace tanto que ya es parte de mí y es el que menos me llama la atención cuando miro mi cuerpo desnudo. Amo mi dragón. Pero ya no me gusta mi tatuaje.

Como personas, nos transformamos muchísimas veces. No somos los mismos de ayer para mañana. Menos de década en década. Y nos decimos que somos otros, que lo que hemos hecho, buscado, anhelado, ya no es lo mismo. Y, sí. Pero no. Hay cosas nuestras que nos hacen ser distinguibles del resto de la humanidad, que permanecen. Los ojos pueden estar rodeados de arrugas, pero siguen fijándose en lo mismo. las personas que nos hacen suspirar son distintas, pero el corazón que guarda los recuerdos es el mismo. Las causas contra las que luchamos evolucionan, pero nuestra pasión sigue ardiendo.

Nosotros cambiamos, evolucionamos, nos transformamos. Y permanecemos.

Amo mi dragón. Soy yo. Con todo lo que ese animal mitológico significa para mí. Pero esa representación que llevo en la cadera derecha ya no me representa. Y por eso lo voy a cambiar. Por otro dragón. Diferente, pero igual.

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