Basta un día

Ayer no pude ni tomar café porque no había luz. Se me trastornó por completo la rutina. Y eso que me ordeno bien desde hace tanto. Pero uno pierde el norte rapidísimo.

Eso de que la vida cambia en un segundo es especialmente cierto en los desastres. Pero también la hacemos cambiar de a poco con las cosas que reiteramos. Y allí es donde tenemos una medida de control sobre lo que nos pasa. Eso incluye volver a encarrilarnos después de perder el norte.

Hoy estoy tomando café como manda Dios. Y mañana haré lo mismo. Es la habilidad para reponerse lo que nos salva.

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