Ayudar a sentir

Acabo de tener una de esas conversaciones con mi hijo de las que me hacen cuestionarme seriamente mi aptitud para ser mamá competente. Resulta que quiere regalar corazones para el Día del Cariño. Los quería comprar, pero le ofrecí que los podemos hacer juntos. Y allí estuvo el lío: dice el niño que no sabe recortar bien y que no le salen las cosas y (lo que me partió el corazón) y que le «da miedo arruinar las cosas.» Respiré profundamente.

Muchas veces nos paraliza ese miedo, hasta para las cosas que no podemos dejar de hacer sin dejar de vivir, como aprender cosas nuevas, tener relaciones exitosas, comenzar un trabajo. Queremos todo «perfecto», sin defectos y sin tener la responsabilidad de arruinarlo. Pero así no funciona el mundo. Las cosas se rompen, las relaciones tienen sus momentos difíciles, cometemos errores. Y seguimos viviendo. Con alguna cicatriz más por el trancazo que nos acabamos de dar. Con menos puntos en un examen. Con la oportunidad de tener un trabajo nuevo. Pero vivos. Y con experiencia invaluable.

Obviamente no puedo restarle importancia a cómo se está sintiendo mi enano. Pero sí le puedo transmitir que a mí lo que verdaderamente me importa es que lo intente y se esfuerze por hacerlo lo mejor que pueda y que siga adelante. Porque yo no voy a durarle toda la vida. Porque él tiene que poder hacer todo solo. Porque lo amo.

Así que, después de respirar, de decirle que siento mucho que se sienta así, le dije que de todos modos vamos a hacer los corazones, que él los va a recortar y que, tal vez después de recortar 20, ya le queden bien.

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