Tengo años de pedir que revisen una parte neuronal del pie de mi hija. Se lo he pedido a varios doctores, quienes me han ignorado con la felicidad que les da creer que lo saben todo y que uno de mamá sólo ve micos aparejados. Hasta ahora que, efectivamente, se mira que tiene dañado un nervio.
Yo estoy convencida que cada uno de nosotros tenemos campos de experiencia y que uno va con profesionales precisamente porque allí está su fortaleza. Pero también estoy convencida que nadie conoce mejor sus circunstancias que uno mismo.
No sólo hay que insistir en consultas médicas. Hay que insistir en todo en la vida. Hay que destapar las cajitas oscuras y pesadas que uno lleva guardadas. Hay que decir que la relación se siente extraña. Hay que contar cuando le duele a uno algo en el cuerpo o en el alma. Hay que hacerlo hasta arreglarlo. Y no pensar que porque ya pasó demasiado tiempo ya no vale la pena. El momento para hacerlo es ahora. Y siempre es tiempo.
