El amor propio debería ser lo primero que uno aprende. El poder estar cómodos y felices dentro de nuestras cabezas es habitar un mundo en donde encontramos la recarga a nuestro cansancio mental, emocional y espiritual. Allí debería residir la fuente de nuestros súper poderes. Tendríamos que poder darnos cariño y valorarnos y alentarnos.
Y, como en muchas cosas del «deber ser», éste es un ideal muy complicado, no sólo de alcanzar, sino incluso de aceptar. Crecemos escuchando que no hay que ser «egoístas», que hay pensar en los demás, que hay que velar por el bien común, que el amor es aceptar. Toda la primera parte de mi vida traté de encontrar el amor, la amistad, el reconocimiento y la felicidad sacrificándome y creyéndome poca cosa. Adivinen qué. Así como yo me valoraba, me trataban los demás. Si encontraba a alguien que quisiera estar conmigo, sentía que tenía que haber algo malo con esa persona, porque ¿quién iba a querer estar con alguien tan poca cosa como yo?
¿Ven por dónde va el asunto? Nosotros somos la medida de valor que le damos a los demás. Si tenemos en poco el tiempo que gastamos, muy poco respeto le vamos a dar al tiempo de los demás, ergo impuntualidad crónica. Si despilfarramos nuestro cariño sin cuidarlo y otorgarlo a gente que se lo merece, poco aprecio le podremos tener a las personas que quieren ser nuestros amigos, porque ¿no ellos le tienen el mismo valor a su amistad? Si el «amor» lo entregamos como sacrificio, sin esperar nada a cambio, como si fuéramos mártires, ¿no creen que es sólo cuestión de lógica que nos traten como trapos?
No estoy hablando de no tener empatía. Al contrario. El mismo hecho de querernos a nosotros mismos nos enseña a que, así como en nuestra mente nosotros valemos, así es con los demás y cada uno tiene un tesoro intrínseco. Si aprendemos a ponerle un precio alto a nuestra vida, apreciamos la de la gente que nos rodea y tal vez así no la ponemos en riesgo.
Desde que aprendí a que mi tiempo es oro, mi amistad es preciada y mi amor es único, no desperdicio ni un minuto de mi vida, tengo amigos queridos y una pareja que complementa mi mundo.
