Caminos

Hace poco tuve una conversación que me dejó con mucho qué pensar. No es la primera vez que sale el tema de una u otra forma. Tampoco la primera vez que considero todo lo que implica. Pero cada vez tengo más claridad para mi respuesta. Una conocida me preguntó, con algún grado de aire de superioridad, el por qué yo había dejado de trabajar en mi carrera. Implicando que la decisión de quedarme cuidando a mis hijos había sido un desperdicio de vida. A los dos días, el mayor me dijo que creía que él, de todos sus amigos, era quien mejor se llevaba con su mamá.

Se habla ya en muchas partes de esa incapacidad de tomar dos caminos al mismo tiempo. A nosotras las mujeres, en esta época, se nos pide que tengamos carrera, trabajo, familia, buen cuerpo, cultura y buen carácter. Escojan. No se puede todo. Y desvalidar la decisión de trabajar fuera de casa o trabajar dentro de casa, es tener poco respeto por la vida de los demás. Yo quisiera tener independencia económica, por supuesto. Me encantaba mi trabajo y me gustó mucho todo lo que hice. Criar a mis hijos no era mi opción natural. Es imposible ponerle un marcador objetivo al éxito o fracaso de mi decisión. Y, aún así, lo volvería a hacer.

No es un desperdicio no seguir una carrera. Tampoco es un sacrilegio hacerlo y pasarle el cuidado de los hijos a terceros. Hay historias de éxito y fracaso en ambas partes. Yo sé me queda mucho por hacer de mi vida profesional mientras los niños me van necesitando menos. No donde dejé la anterior, pero sí con una nueva. Y, en absoluto, mi vida ha sido un desperdicio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.