El chucho amaneció con la pata hinchada. Pobrecito. Salvé al gato de las fauces de la muerte, literalmente, pero mi pobre chucho anda con la pata hinchada. Tuve que llevarlo a la veterinaria. Fue un poco complicado, con muchas expectativas negativas y peores perspectivas. Menos mal no es nada permanente, sino una inflamación. Pero igual tiene hinchada la pata.
Uno tiene muchas cosas que tomar desiciones todos los días. No parece, pero hasta escoger la ropa significa un desgaste de la voluntad, en el que tenemos que involucrar nuestros sentidos y eso cansa. Es por eso que la rutina establecida ayuda para sacarse demandas diarias.
Saqué la emergencia, como saco todas. Y fue delicioso llegar a la casa a retomar mi quehacer de todos los días, simplemente para no tomar ninguna otra decisión. Ya establecí mis soluciones desde antes.
