El pastel

Platicando con una amiga (todas mis amigas son extremadamente inteligentes, cultas e interesantes, soy extremadamente afortunada), me contaba que escuchó algo súper ilustrativo de cómo una persona tiene relación con el placer. Se pueden hacer tres categorías, imaginando que el placer es un pastel: en la primera están los que se lo comen todo de un solo, en la segunda los que lo hacen a pedacitos a través de un periodo de tiempo y, en la tercera, los que lo guardan para un más tarde que no llega y se les enmohece.

Hay que aclarar que definimos el placer como cualquier forma de gratificación. Es importante poder retrasar el premio, mientras uno construye algo que va a dar muchos más frutos. Es una buena medida de éxito. Pero tampoco hay que exagerar y jamás sentirnos satisfechos con lo que hemos logrado. Como siempre, la felicidad está en el medio, no en lo tibio, sino en ese espacio de claridad que nos enseña cuándo tomar decisiones.

Sinceramente, no sé en dónde me sitúo. En la vida real se me ha podrido el pastel no imaginario porque seguro estaba a dieta. Pero en otros planos espero estar aprendiendo a disfrutar la vida sin apuros y sin culpas.

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