Los seres humanos somos animales con poca gracia. Basta con verle las plumas al pájaro más simple para admirar lo que hace la naturaleza y lo poco que tenemos como especie. Por eso nos vestimos. Claro, para no morir de frío también, pero la ropa siempre ha tenido un elemento decorativo.
En nuestra modernidad, la moda se vuelve una necesidad tonta y cambiar de forma de vestir cada año en una carrera de nunca acabar. Pero hasta la persona más simple (como yo), sucumbe a la gana de vestirse de cierta forma. Porque no deja de ser una expresión de nuestros gustos. La forma externa inmediata como nos presentamos al mundo. Lo primero que decimos sin abrir la boca.
Encontrar un estilo propio puede convertirse en una satisfacción. Y si uno lo hace ya grande, en la exploración de uno mismo, porque uno se aleja de lo que está en la última vitrina y encuentra lo que le gusta a uno en verdad. Y eso también tiene valor.
