Cuando alguien lo quiere a uno, se siente. Cuando no, se siente más. Las palabras son medios maravillosos para apuntalar las acciones, pero sin las segundas, no sirven de nada.
Tal vez por eso tenemos un radar de mentiras incorporado y por eso nos molesta tanto que nos quieran decir que las cosas son de una forma, cuando las estamos viviendo de otra. Hay que fijarse en el contexto de lo que dice la gente, sobre todo cuando contradice sus acciones.
A mí me encanta que me digan que me quieren. Soy feliz con palabras de cariño. Pero prefiero que me lo demuestren.
