Sigo sorprendiéndome cada vez que leo de los nuevos descubrimientos acerca de cómo funciona el cerebro. Es todo interno. El mundo entero sólo es real a través de nuestra experiencia de él, al menos para nosotros. Y no tenemos otra forma de vivir que con nuestros muy subjetivos sentidos. Es más, estoy segura que suceden muchísimas más cosas a nuestro alrededor de las que nos damos cuenta, sin necesidad de meternos a dimensiones sobrenaturales. Simplemente no estamos biológicamente equipados para percibir todo lo que pasa, sólo lo que nos deja sobrevivir.
El tono, además, ese sabor que le dan nuestras emociones a lo que nos pasa, es un nivel adicional de personalización. Que también tiene varias etapas, porque primero sentimos, luego procesamos e identificamos y por último reaccionamos. Lo primero es involuntario. Lo de en medio puede requerir más intencionalidad. Lo último es totalmente consciente, hasta cuando no nos damos cuenta.
Saber que está en mis manos sentirme de una u otra forma ante un estímulo externo. Que depende de mí cómo recuerdo ciertas cosas. Y que yo decido qué cara ponerle a mis vivencias. Todo eso me ayuda, sobre todo hoy, a afrontar situaciones difíciles con una mejor actitud. No las cambia, pero me cambia a mí. Y eso hace toda la diferencia.
