Había demasiado frío el sábado. Demasiado. Y yo necesitaba descansar. Y me arrepiento, porque no hice ejercicio ayer. Pero no mucho. Porque tampoco he estado sin moverme a fin de año. Supongo que está bien no ser tan masacre de vez en cuando.
Nuestros antepasados (han descubierto los antropólogos), disfrutaban de más tiempo libre después de actividades físicas extenuantes. Tal vez por eso nosotros tenemos impulsos de mucha energía y necesidad de mucho descanso. Además, mientras más años tiene uno, el cuerpo no responde igual y hay que hacer el doble de trabajo para conservarlo.
Me gusta mucho nadar. Muchísimo. Pero no cuando la piscina está congelada, no me importa lo bueno que sea eso para mí. Puedo retomarlo la siguiente semana.
