Hay mucha diferencia entre ser crédulo y confiar ciegamente en cosas que no hacen lógica y creer que no hay nada más allá de lo que no se puede entender. Comenzando con que ni siquiera comprendemos cómo funciona nuestro propio cerebro.
Los seres humanos compensamos nuestra ignorancia con la imaginación y la vamos corroborando conforme avanzamos en conocimiento puro y duro. Pero no deberíamos olvidar que, primero, caminamos en los cuartos oscuros de lo desconocido hasta encontrar el interruptor de la luz. Y abrimos la siguiente puerta.
Si tuviéramos qué esperar a conocer y entender la vida, tendríamos que quedarnos sentados sin hacer nada. Yo le tengo un sanísimo respeto a mi intelecto, pero sé que lo que no sé, es inmenso. Para todo eso, me sirve la imaginación.
