La espuma del chocolate

Por las tardes hago chocolate caliente. Al menos mi versión. Sin azúcar, sin leche. Es algo con qué tomar colágeno. No sabe nada feo y siempre le saco espuma. Hay cosas pequeñas, la orilla tostada del huevo estrellado, una mora especialmente dulce, la almohada puesta de la forma correcta, que hacen mejor las cosas grandes.

La vida en general está armada de piezas pequeñas, los fundamentos sobre los que se construyen los días van de hora en hora, con saludos y rutinas. Nada extraordinario nos molesta tanto como que lo cotidiano esté fuera de lugar. Claro, el eje de nuestros mundos se muda con cataclismos, pero, al igual que el ambiente, una desviación en un solo grado puede ser casi igual de fatal. Es igual que cambiar un poco el rumbo, con sólo un paso en falso, la meta ya no se alcanza.

Pero, lo bueno, es que una cosa grande también se alivia con los detalles. Un abrazo en el momento de dolor, una palabra amable. Por eso trato de ponerle espuma al chocolate.

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