Años después, pude desear
no haber reído tan fuerte
besado con ganas
caminar juntos.
Pude querer no escaparme
una tarde de jueves
a perderme en el bosque
que me hacían tus brazos.
Vi el deseo que vistió
tantas camas, tanta piel
y alguien podría haber pensado
que fue demasiado.
Todo ese tiempo más tarde
recordando el olvido del tiempo
del decoro, del pudor,
otra persona lo hubiera negado.
Alargo mi mano
hacia donde quiero encontrarte
sabiendo que lo único que detesto
es no haberlo hecho todo, desde antes.
