Soy hija única. No es ni bueno ni malo, sólo es lo único que conozco. Yo sí quise tener más de un hijo. Cuatro, de preferencia. Tengo dos porque es lo único para lo que me dio el cuerpo. Está bien. Uno en cada mano. Generalmente somos los tres juntos en todo. Hasta el karate lo hacemos juntos. Tele, juntos, comidas, juntos, cuentos de noche, juntos, canciones de cuna…
No entiendo bien cómo es la dinámica entre hermanos, pero sé que me gusta que estos dos tengan a alguien de su grupo etario con quien compartir la intimidad de una crianza. Aunque sea sólo para quejarse juntos de mí. Pero sí entiendo la necesidad de pasar un momento a solas con los papás, de sentir que toda la atención es de uno.
Eso hice este fin de semana. El sábado con la niña y hoy con el niño. La dinámica es totalmente diferente, se relajan, se puede ser más tranquilo, más cariñoso, más juguetón. Comimos rico, paseamos y regresamos con un pedacito de recuerdo que es sólo nuestro. Bonito eso. Restaurador. Espero que les siga gustando hacerlo por mucho tiempo.
Las relaciones en las casas son esa mezcla extraña de poder y control y soltar para tener independencia. Espero que, cuando sean grandes, tengan más presentes los momentos en los que simplemente nos hicimos compañía y comimos un helado viendo perros que no son nuestros pasar.
