Nunca es un buen momento para una mala experiencia

Mañana miércoles es mi examen de karate y hoy me lastimé el pulgar derecho parando mal una patada. Pésimo timing. Aunque nunca me gusta lastimarme, pensaría uno que mejor hubiera sido mañana que hoy. Pero no. Hoy fue y ando con el dedo hinchado y la uña morada. Gajes de un entretenimiento que no es precisamente pacífico.

Las malas experiencias son horribles. Un choque, una muerte, una despedida. Todo lo que nos produce dolor es doloroso. Obvio. Y nunca es un buen momento. Sería fantástico no tener que pasar por allí. Pero resulta que no se puede. Es como si la vida fuera neutra y uno sólo la siente conforme el momento en el que la vive. Hay cosas que objetivamente son desagradables y uno las siente, las llora (o no, como es mi caso que me ahogo por dentro) y pasan. Todo pasa. Los huesos se reparan, los corazones siguen latiendo, las despedidas se vuelven saludos.

Y termina uno entre unos brazos que lo envuelven y le mienten diciendo que todo va a estar bien, y uno se lo cree aunque sepa que no es cierto. O uno es el de los brazos y la mentira.

Mañana espero no terminar en el hospital. Aunque, mi cinta café sí puedo decir que me ha costado sudor y lágrimas.

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