De pequeña, mis papás siempre me traían algo cuando salían de la casa. Siempre. Cualquier cosa. La “cosita”, le decíamos. Podía ser un dulce, un juguete, una piedra. Literalmente. Una piedra. Tenía colección y ha sido de las cosas que más me ha costado tirar en mi vida.
El cariño, el amor, eso que se siente, tiene formas tangibles de demostrarse. Una vida vivida en común. Una caricia. Una conversación. Luego están los regalos. Las flores. Las cosas materiales.
Es imposible trasladar a un objeto nuestros sentimientos. No podemos darle una pulsera a alguien y decirle “ten, aquí está lo que siento por ti”. Es una simple representación.
Pero hay gestos que sí nos dejan palpar que pensaron en nosotros. El mensaje para contar una tontería. La comida hecha especial. Una constancia de interés. Cosas pequeñas en momentos sin importancia.
Yo me sentía muy querida cuando recibía la “cosita”, que nada tenía que ver con el valor monetario. Y, es muy probable que, si quiero a alguien, le pida que me regale una piedra.
