Seguir instrucciones es uno de mis talentos más útiles. Lo aprendí de mi mamá, que podía seguir los pasos de cualquier manual y salir con una maravilla. Así cocino, así he retapizado muebles, así escribo. Creo que vale la pena encaramarse sobre lo que ya han descubierto otras personas y hacerlo propio.
Las instrucciones, los planes, las reglas, todo eso son atajos probados una y otra vez. Así aprendemos a escribir, a sumar, a pensar. No es lo mismo caminar por primera vez sobre un terreno plano que sobre piedras y atravesando pantanos.
El talento de cualquier cosa que llevamos dentro es más sencillo que lo descubramos primero dentro de un ambiente seguro. Las reglas nos agarran de la mano. Y luego hay que soltarse. Hacer el mundo de uno mismo, sabiendo en dónde está lo conocido y descubriendo qué hay más allá.
Tomamos fotos de las mismas cosas de forma diferente. Contamos la historia más vieja del mundo, para hacerla nueva porque es nuestra. Tocamos un instrumento leyendo una partitura e imprimiéndole nuestro propio sabor.
Los talentos se instruyen, moldean, regularizan. Y luego se dejan volar. Así se sigue bien una receta. Se da bien un beso. Se vive bien la vida.
