Las Cosas A Medias

Ser intenso tiene sus marcadas desventajas. A mí las cosas me encantan, o las detesto. Es raro que haya un término medio. El restaurante que te recomiendo es el mejor restaurante del mundo. La película que no me gustó es la peor que han hecho en toda la existencia. Experimento el mundo en tonos de negro y blanco, rara vez veo lo gris.

Por eso no me puedo proponer para puestos diplomáticos. Es una cualidad que admiro en las personas a mi alrededor: poder conservar sus valores, ver lo bueno de la persona que está al otro lado del argumento, validar sus opiniones y salir como un príncipe de una discusión. En el transcurso de mi ejercicio profesional, cuando me tocaba negociar contratos con 15 abogados diferentes, la pasión por mi punto de vista era una gran desventaja. Hay que aprender a no tomarse las cosas personales, para no terminar peleando por una coma o un término. Verdaderamente me ha costado entenderlo.

También hay cosas buenas de tener un bajo punto de ebullición: cuando me cae bien alguien, no hay mejor persona. Cuando algo me gusta, lo promociono a los cuatro vientos. Cuando creo en algo, no hay vocero más ruidoso.

Tal vez sólo se trata de saber escoger las batallas. La pasión es buena, pero no sostiene una relación por mucho tiempo, si ésta no está basada en algo más sólido. Argumentar a favor de los valores es muy bueno, pero no en toda ocasión y no con todo el mundo. No es cuestión de matar zancudos con martillos.

Mientras encuentro cómo no pelearme con las personas con las que tengo que negociar, llevo la intensidad por dentro. Sólo no me empujen mucho.

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