Hacer pesas implica reventarse los músculos. Literalmente. Se hacen microrasgaduras que luego repara el cuerpo y así se fortalecen. Por eso es que siempre hay que cambiar la rutina de forma que siempre exista un poco de dolor. El cuerpo necesita retos. Incomodidades. Rompimientos.
Y también necesita descanso, alimento, cariño, cuidados. Si no lo recibe, truena.
Así la vida. Si no estamos un poco incómodos, no cambiamos ni crecemos. Ese estado se llama «muerte». Pero tampoco podemos estar sufriendo todo el tiempo a riesgo de nuestra salud mental.
Poder identificar en dónde hay que empujar y pasar dolor y en dónde hay que descansar y dejar ir nos permite ir siendo mejores. Y eso a veces es muy difícil. Nos cuesta dejar las cosas familiares aunque nos duelan, porque nos sentimos cómodos. Nos da miedo hacer cosas nuevas aunque sean buenas, porque detestamos la incertidumbre. Y terminamos forzando situaciones insostenibles en vez de esforzarnos por crecer.
Eso duele y lastima y no nos lleva a ninguna parte. Pero tampoco es fácil. Sencillo, pero no fácil. Tal vez nos ayudaría si pensáramos que el cambio es inevitable y que mejor tomamos las riendas del asunto en vez de simplemente dejarnos llevar.
La incomodidad y el dolor no son malos, mientras nos hagan más fuertes. Igual la vida siempre le sube al peso. Mejor si estamos preparados.
