Hay preguntas que joden la existencia, porque son tan simples que no se pueden responder. ¿Cuál es tu libro favorito? ¿Qué canción te gusta más? ¿Película preferida? Yo me acuerdo de muchísimos libros que me han fascinado, canciones que he cantado hasta gastarme la voz, películas a las que les gasté la cinta (porque soy ruca y todavía las miraba en VHS).
Siempre tenemos cosas que nos gustan en el momento en el que las estamos viviendo. Es enriquecedor regresar a ellas años después para averiguar si todavía nos mueven igual. Obvio no. Las películas esas que nos hacían suspirar, ahora nos sacan una risa de la penita ajena. Hasta la comida que nos volvía locos de pequeños, a veces nos parece una bola de azúcar indigesta imposible de pasar de un bocado.
Cambiamos todo el tiempo. Y eso no le quita lo maravilloso que nos parecieron las cosas en su momento, porque nos las disfrutamos y llevamos ese recuerdo feliz en nuestros corazones. Pero también con el paso del tiempo, vamos teniendo cosas nuevas favoritas. Menos mal. Quedarnos estancados en que algo que nos gustó cuando teníamos quince años sigue siendo lo mejor que nos ha pasado en nuestra vida nos condena a aproximadamente sesenta años de amargura.
La canción más linda, el mejor libro, el vino más rico, la película más maravillosa es la que me gusta en este momento. Ahora. Lo que tengo enfrente. Ya vendrá algo que me guste más, o no.
