Me asombra

Dormir resulta el escape más grande hacia dentro de nosotros mismos. Es el único momento en donde dejamos que el lado derecho de nuestro cerebro proyecte en la pantalla de nuestros pensamientos. Y, como ese lado es el que se entiende en abstractos, las películas que soñamos son invariablemente marcianas. Y estamos solos. No podemos compartirlos, no podemos platicarlos, ni siquiera estamos concientes del asunto.

Y es en esa soledad en la que nos revelamos. Es allí en donde recurrentemente me doy cuenta de lo mucho que me importa estar contigo. Me recuerdo que, aunque pueda vivir sin ti, simplemente no quiero hacerlo.

Despertar de mi lado de la cama, porque tú tienes el tuyo, todavía me sorprende. Y me gusta.

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