Nada personal

Hace poco tuve un encontronazo con una realidad alterna de forma de educar niños. Y me enojé y me ofendí y despotriqué. Y allí lo dejé.

Vivir en sociedad implica rodearse de todo tipo de personas. En la historia del Buddha, él primero es un príncipe que vive en un palacio. Aislado. Luego se vuelve un ermitaño. Aislado. No es hasta que decide vivir entre la gente que alcanza la iluminación.

Se requiere de una medida de desapego de los propios sentimientos para tener paz, sobre todo con algunas interacciones. ¿El carro se me atravesó? Dele. ¿No contestan un saludo en el elevador? Vaya.

Fijarse tanto en la conducta ajena que nos afecten las acciones de extraños es una forma muy cansada de vivir. Creer que todo lo que hacen los demás es para jodernos la existencia de forma personal, no ayuda a la salud mental ni física.

El mundo, nuestro mundo inmediato, sí gira alrededor nuestro. Pero ese mundo es el que está habitado por nosotros y nadie más. Cada persona vive en el suyo propio y sólo está conectado con pocas personas de forma íntima. No podemos desarrollar todo nuestro potencial de forma aislada, pero para sobrevivir nos tenemos que dejar de portar como florecitas de invernadero.

Me tocó ver al señorcito del incidente hace poco. Y nos saludamos muy amablemente. Como si nada hubiera pasado.

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