Viene lo nuevo,
se estrena número
podemos volver
a tomar las mismas decisiones
de nuevo.
Viene lo nuevo,
se estrena número
podemos volver
a tomar las mismas decisiones
de nuevo.
Me sorprendió que los cohetes asustaran a mi perra anoche. Ella ya vino grande a la casa y nunca la había visto así de nerviosa con nada. Generalmente es la ecuánime de los dos, el de dos años todavía es un cachorro. Pero anoche Alma sí me pidió consuelo.
No importa qué tan grandes, fuertes, experimentados y capaces somos, los humanos somos vulnerables. Y eso es bueno. Nos suaviza, nos acerca a los demás. No hacemos conexiones sentimentales donde somos duros. Nos unimos en lo suave, lo frágil, donde hay peligro de dolor. Cuesta abrirse, cuesta mostrarse vulnerable. Creemos que perdemos una supuesta posición de poder. A veces vale la pena. Ese lugar es solitario.
Abracé a mi perrita, pasaron los ruidos y ella pudo dormir tranquila. Yo también. Agradezco ese momento de dulzura. Y recuerdo que yo también tengo permiso de tener los míos. Sin perder nada.
Una de mis mejores amigas se burla, no sin razón, de las listas de propósitos de Año Nuevo. Yo miro con desconfianza los “challenges” de los gimnasios y los “eneros secos” de mis cuates. Enero es un excelente mes para cobrar cuotas anuales que no vamos a aprovechar y para empezar agendas que no vamos a llenar.
No es que sea derrotista, es que el hecho de tener que esperar un mes, un día de la semana, una fecha en particular para cambiar, quiere decir que uno no quiere hacerlo en verdad. Las mejores decisiones son las que tomamos y ejecutamos, aunque sean malas. Esperar a que la vida nos dé la campanada de salida no tiene sentido: ya nos la dio cuando nacimos.
Así que, en este nuevo año, seguiré haciendo lo mismo que en el viejo: cambiando cuando sea necesario, aún si eso implica empezar la dieta en viernes.