El perro se comió…

El deber de la niña, dos veces, un sillón, un pedazo de carne, el trasto entero de berenjenas horneadas que hice… Se ha comido tantas cosas que no entiendo cómo vive aún.

Tener perros es un rollo tan distinto de todo lo que me ha tocado. Es alegre. Los perros han estado con nosotros desde antes que supiéramos hablar, según algunos antropólogos.

Tal vez lo mejor es la compañía. Y espero no ser la única que les habla como si me entendieran.

Berenjenas al horno

Hoy las berenjenas al horno me quedaron como me gustan. No es poca cosa eso. Y no es porque yo sea difícil de complacer. Es porque tengo vivo el recuerdo de cómo las hacían en mi casa.

Vivimos con nuestros recuerdos. Creo que es una de esas formas de inmortalidad residual. No nos borramos mientras haya alguien que recuerde nuestra voz. Para algunos, ese espacio es muy breve. Hay otros que se anidan en la memoria colectiva y creemos que los conocemos aún siglos después de su muerte. Todo, lo cercano y lo remoto, es mentira. Una ilusión de nuestra mente. Pero es la naturaleza de nuestra memoria y lo único que tenemos.

Encontré en la comida el sabor de mi casa. Si no sabe igual, no es ni siquiera relevante.

Una vida plena

A mis ya 47 años, puedo decir que he tenido una vida entretenida. No recuerdo haber estado aburrida ni cuando tuve que guardar cama por mi segundo embarazo. Aunque a veces si describiera un día normal podría parecer rutinario, creo que me refugio en esas rutinas porque estoy plenamente consciente que siempre, siempre, hay cambios que uno no puede prever.

Encontrar la plenitud no es estar atareado, sino ocuparse plenamente (repito la palabra a propósito), de lo que uno está haciendo en ese momento. Todo lo demás no existe. No quiere decir que uno no debe planear, pero sí que uno no debe vivir en el futuro no existente que está imaginando.

Entretenido no es siempre sinónimo de feliz. Creo que hay años enteros que hubiera preferido estar aburrida. Pero no es lo que me tocó. Y ahora puedo aprender mejor a fijarme para aprovechar cada momento. Aunque sea de no hacer mucho.