Tal vez lo único más aburrido que escuchar los sueños de otra persona, es ir a las clausuras de hijos ajenos. Entendamos que los sueños son una forma subconsciente de terapia en la que somos todos los seres que encontramos y que lo que nos decimos es para nuestro propio entendimiento.
Hay una teoría que habla de la posibilidad de una mente bicameral en una etapa anterior a la del desarrollo cerebral presente. Ésta propone que el ser humano tenía pensamientos que no identificaba como propios y que de allí creía que tenía comunión con los dioses, ya sea por medio de sonidos, visiones o los mismos sueños. Así, todo era un portento. Ahora no creemos eso y las interpretaciones ya no se las pedimos a los oráculos sino a los psicólogos.
En realidad, creo que es indiferente si los mensajes son sobrenaturales o propios, el punto es que nos hablan de cosas que necesitamos saber. Hay que ponerles atención, entenderlos si se puede y examinar qué nos queremos decir. Y no contarlo como si fuera la mejor novela de suspenso.