Esa frase sólo es buena para enojarse. Eso sí lo puedo dejar para después. Todo lo demás… las tareas, especialmente. Porque las cosas se acumulan y luego no es una, son siete y así sí no hay ganas. Como la vez que se acumularon cincuenta camisas por planchar.
Si uno deja lo aburrido para después, se multiplica. Lo bueno a veces también, por eso se llama gratificación diferida. Pero ésta sólo viene cuando salimos de lo necesario primero.
A veces no me dan ganas de escribir y me recuerdo que me toca lavar, cocinar, ver niños y que, probablemente, tendré otro espacio hasta la noche. Y a esa hora ya sólo quiero dormir. Igual con las camisas. No me vuelve a pasar.
