La rutina tiene una mala reputación, como si fuera malo ser consistente. Lo malo es siempre hacer cosas que no sirven. Los horarios y la cotidianeidad son lo que hacemos todos los días. Y allí es en donde se nos va la vida.
Hay estudios que demuestran que vale más ser perseverante que talentoso. Que la gente aprende a base de repetición y que la parte aburrida es la que ayuda a divertirse más tarde. La misma fuerza de voluntad no es ilimitada y es mejor tomar una decisión una sola vez y no pensarla, salvo cuando se hace un recuento de los resultados.
Para mí lo clave es que lo que hago todos los días define quién soy. Tal vez nadie recuerde cuando muera que los martes lavaba la ropa y los jueves planchaba. O la hora a la que me levantaba. Y no importa. Pero es lo que hace que sea yo y espero que de mí sí se acuerden.
