Nada pone tanto a prueba una relación como compartir baño. En el caso concreto de dos mujeres, la cocina. O que una use las cosas de la otra. Me está siendo patente con la niña adolescente con la que comparto espacio y que de repente se lleva mis cosas. Para una hija única como yo, es complicado.
La vida en sociedad requiere muchas adaptaciones. Para que sea exitosa todas las partes deben sentirse en ventaja, con negociaciones donde todos ganen. Lo demás no sirve.
Así que, a veces, me toca ir a buscar mis esmaltes a otro cuarto. Y me encanta que haya otro cuarto, con otra persona con la que comparto espacio. Porque es un privilegio tener familia, vivir con ellos y verlos crecer. Así todos ganamos.
