Un río

El agua que corre nos llama la atención desde niños. Abrimos los grifos con tal de verla pasar, navegamos barcos de papel en los charcos, soñamos con tirar una llanta en un río y dejarnos llevar. Algo tiene de especial un río que se pierde en el horizonte, como si fuera a desembocar en el sol.

Creo que hay algo de correspondencia entre ese fluir y nuestra propia vida que nos hace regresar a la imagen del río como metáfora, una y otra vez. El nacimiento, desarrollo, unión con otros e inevitable destino en el mar, siempre diferente porque nunca es la misma agua la que pasa por la roca y siempre igual porque es el mismo río. Filósofos mejores lo han dicho de miles de distintas formas y no por eso deja de fascinarme.

Siempre he buscado ser el puente, la roca, lo permanente y me sorprendo cuando la corriente me arrastra a cambiar. Si aprendiera a ser el agua que corre, podría regresar al principio siempre que quisiera y fluir por el cauce hasta el final, sin gastarme, ni estancarme. Tal vez aprenda alguna vez.

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