Ya desistí de poner mi música en un orden comúnmente aceptado. Admiro a la gente que se toma la molestia de meter canciones relacionadas, ya sea por género, por década, por instrumentos, por color de álbum, por lo que sea. A mi la música me sirve para situarme en momentos específicos, personas concretas, sentimientos particulares. Por eso tengo un único criterio para armar mis playlists: el año en el que me gustó la canción.. Ni siquiera corresponde siempre al año en el que salió, porque Patience ya tiene sus añitos y aún así se vino en la lista de este año. Porque sí.
Hay pedazos de la vida de uno que son tan personales que, invariablemente, son los que más se pueden criticar. Porque dependen únicamente del gusto de uno y, como cada quien es diferente, da paso a que a muchos no les guste. Tiene que ver con la pertenencia y la identidad. Cuesta tener una idea sana de uno mismo sin relacionarla con los demás y allí viene el jueguito entre ser diferente y ser igual. La música que escuchamos, por ejemplo, nos acerca a cierto grupo de personas de forma automática y nos hace pensar que somos una tribu. A las tribus no se las come el tigre tan fácil. Pero de allí a juzgar a los demás es pasar de una compañía beneficiosa a ser parte de un rebaño que lo va a sacar a uno si no es igual.
Como todo. Es complicado. Yo sigo poniendo las canciones que me gustan. Al menos ya las separo por años.
