Ni el planeta en el que vivimos se mantiene estático: terremotos, erupciones, deslaves, avalanchas. La faz de la Tierra cambia todoel tiempo. ¿Por qué entonces nosotros nos empeñamos en que todo permanezca igual?
Hablábamos con amigas de algo tan superficial como vestirse y arreglarse igual que uno lo hacía veinte años atrás. Puede que sea lo que mejor nos sale. O que nos recuerde de alguna época especial en nuestras vidas. Lo cierto es que ya no somos los mismos y retroceder el tiempo no se puede, aunque paremos el reloj a pura necedad.
Nuestra vida debe ser un constante avance, a veces suavecito, como deslizarse por una colina con un costal. A veces nos agarra un buen terremoto que nos cambia todo el terreno.
Lo importante es tener una meta más allá del siguiente paso, algo que nos sirva de guía permanente, grande, importante, que nos trascienda. Una estrella que parezca inmóvil en el firmamento, así nos enseña el camino a seguir, aún y con un mapa diferente.
Y bienvenidos los terremotos. Hay que sacudirse de vez en cuando.
