Regalar capacidad

Hay pocas cosas que yo miro y no creo poder hacer. Generalmente tienen qué ver con proezas físicas, como pararme de manos, hacer un cuervo en yoga, montar una bici. Mi cerebro paniquea y hasta allí llega mi autoconfianza. Para todo el resto de cosas, mi pregunta es: «¿Por qué no?» Así me animo a hacer cualquier receta, coser casi todo y hasta hacerla de carpintera.

El mejor regalo que me pudieron dar mis papás ha sido el de creer que, con esfuerzo, se puede hacer cualquier cosa. El problema conmigo ha sido precisamente la falta de esfuerzo. Las ganas no siempre son lo suficientes como para tomarme la molestia. Por lo menos me queda el consuelo de tener el potencial de hacerlas.

Cuando nos premian habilidades y no su ejercicio, nos achican nuestro mundo. Si sólo las personas coordinadas se atrevieran a bailar, no pondrían música en las fiestas. Ni habría carros en la calle. Ni habría gente admirable que se esfuerza lo suficiente como para hacer mejor las cosas que el más talentoso, pero haragán.

Si apreciamos más el resultado de nuestro esfuerzo y admiramos nuestra capacidad de perfeccionarnos, nos conectamos con lo mejor de nuestra humanidad, esa que ha construido pirámides y se ha desplazado por todo el mundo y subsiste en la tundra y quiere ir a Marte.

Hablando de carpintería, me tiré a reparar los muebles de la casa. Ya les contaré.

Quisiera poder

Hay muchísimas cosas que me gustaría poder hacer. Algunas de ellas están completamente a mi alcance, como aprender a tocar el piano (sólo es cuestión de conseguir el instrumento), aprender bien el italiano (para eso está Duolinguo), o cambiar de cinta en el karate. Otras, no. No puedo, a estas alturas del partido, salir en la portada de la edición de trajes de baño de la Sports Illustrated, por ejemplo. Ni tampoco, realísticamente, tomarme un año sabático de mi vida y salir a recorrer el mundo con una mochila. Simplemente ya me pasó el momento.

Hay muchas cosas que están a nuestro alcance y que sólo requieren de nuestra inversión: tiempo. Tal vez comenzamos más tarde de lo que se considera como «ideal», pero eso no nos debe impedir intentarlo. O sea, mientras más tiempo dejamos pasar para empezarlas, más tiempo estamos dejando de lograrlas. Me parece un poco triste que la gente crea que las páginas que tiene acumuladas del calendario son una montaña que no pueden escalar. Y se quedan abajo, tristes, sin darse cuenta que es sólo cuestión de comenzar a caminar. No siempre llegaremos a la cima, pero de la mitad de la montaña ya se tiene una bonita vista.

Las cosas que me quedan por hacer no se miden tanto en logros externos. Quisiera ser mejor madre, más sabia, menos complicada. Quisiera ser mejor persona, menos agria, más empática. Quisiera ser mejor pareja, menos egoísta, más amorosa. Todas esas son cualidades en las que debo trabajar, como si estuviera aprendiendo a tocar el piano. Es bueno, porque puedo mejorar. No tan bueno porque me queda mucho por hacer. Menos mal que me queda el resto de mi vida.

La Vida Simple se Complica

Llegamos a un año de haber cambiado de hábitos alimenticios en esta casa. Nunca hemos sido de mucha comida procesada, pero sí se nos atravesaba una bolsa de Cheetos de vez en cuando, pizza, comida china, etc. Decidimos hacer un tipo de dieta un poco radical, quitándonos los granos, azúcar y todo tipo de comidas procesadas. Hemos visto cambios positivos en todo, desde el físico, hasta el fin de los ronquidos.

Uno creería que esta forma de comer debería ser más simple. Resulta que no. No hay nada más sencillo que pasar por cualquier autoservicio y atiborrarse de pseudo-comida. Es adictiva, llena y es conveniente. Y es fatal. Comer comida «hecha en casa», desde cero, con abundantes verduras, se ha vuelto en un lujo que ya no todos tienen el tiempo de lograr.

Pareciera que en nuestra modernidad, lo simple es más complicado. Lo «limpio» es más caro. Lo «natural» es escaso. Y así con todo: nos molesta esperar un semáforo, cuando es obviamente más conveniente y seguro hacer caso y saber que le toca a uno en verde. Decir una mentira de esas «blancas» para zafarse de un compromiso requiere inventiva, pero preferimos contar una de vaqueros antes de pasar por la molestia de dar las gracias y decir un simple «no», con tal de no ofender. Y preferimos creernos halagos a todas vistas falsos, en vez de recurrir al espejo.

Nuestras opciones de comida fuera están más restringidas, pero no por eso vamos a regresar a complicarnos. Es más, ahora voy por todos nuestros artículos de higiene personal. No sé de dónde me los voy a sacar.

Planes

Si me quieren poner feliz, sólo me tienen que pedir que planifique algo. Desde una vacación, hasta una fiesta, el hecho de sentar a imaginarme cómo va a ser y qué tengo que hacer, es la mitad del placer de la cosa en sí misma.

la vida no se puede planificar igual. Me cuesta un mundo ese bendito ejercicio de «¿cómo se mira en 5/10/15 años?» No sé. Porque no he estado allí. Lo que sí sé es con quiénes quiero estar: mis amigos, mis hijos, mi marido. ¿Qué vamos a estar haciendo y en dónde vamos a estar? Supongo que lo mismo de forma distinta y en el mismo lugar. No me molesta en absoluto seguir estando involucrada en la vida de los niños, el escribir, el hacer karate. Mi vida me encanta y, yo que ya probé otra, no la cambiaría.

Ahora, obvio no tengo certeza de lo que puede venir. Nadie la tiene. Pero eso nos permite dos cosas: 1. estar abiertos a cualquier posibilidad; 2. plantearnos qué no queremos que cambie.

Examinar los hábitos, las cosas que nos dan satisfacción y las persona con las que compartimos tiempo y ver si queremos lo mismo de aquí a 20 años, creo que es más importante que el hecho de podernos «proyectar» hacia el futuro. Porque a mí no me sirve de nada pensar que voy a estar estudiando historia del arte en Florencia (que me encantaría), si eso significa no estar con mi mara. Suficiente se me rompió el corazón una vez.

Así que yo hago planes de eventos concretos. Si necesitan que les arme un viaje con itinerarios, mapas y hasta reservaciones de comidas, con gusto. Pero para mi futuro, lo único que puedo decir es que quiero seguir como soy.