Supongo que mañana es miércoles

Y que lo voy a ver. Operamos bajo la esperanza de tener más días que el de hoy. Y no tenemos nada seguro. No sabemos realmente si la última vez fue la última. Esa dicotomía tan extraña de los seres humanos que aceptamos la inevitabilidad de la muerte y nos tratamos de ocultar de ella en el mismo espacio de tiempo que vivimos. Tenemos un número finito de interacciones. Además, la de hoy, ahora mismo, nunca regresa, porque jamás somos iguales a la vez anterior. Estar presente, conscientes de lo que hacemos, potencia cualquier cosa que vivamos.

Por supuesto no se puede estar pensando todo el tiempo que no hay un futuro, si no, para qué hacemos planes. Pero a mí sí me ha costado hacer un balance aunque sea precario entre lo que quiero hacer mañana y lo que estoy haciendo hoy. Sobre todo con mis hijos, en los que miro un futuro. No me imagino que no estén y la realidad es que todos tenemos prestada la vida.

Tal vez por eso ahora abrazo un poco más fuerte y peleo un poco menos por cosas tontas y agradezco lo que tengo enfrente y me caigo peor por no poder dejar de hacer planes que no sé si llegaré a realizar. Hoy es martes y si me toca, veré que mañana es miércoles.

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