Ser binaria

Para mí, las propuestas binarias tienen una fascinación especial. Me encanta pensar en un mundo simple en el que las cosas son claras, los sentimientos se dicen sin pena y hay sí o no. El otro lado de esa moneda es que soy radical en mis decisiones y me parece que no puedo volver atrás jamás.

En la naturaleza no existe el negro. Ni el blanco. Siempre es un matiz de varios colores que dan la impresión de oscuridad y claridad. La vida no es radical y de lo único de lo que no se vuelve es de morirse. Y como eso de todas formas nos va a pasar a todos, ya ni siquiera es algo de qué preocuparse.

Todas las decisiones que tomamos tienen consecuencias buenas y malas y nos toca decidir si unas son más que las otras. Pero tenemos que escoger. Allí sí que hay que ser radical. Quedarnos de brazos cruzados, esperando que la vida nos lleve a donde quiera, es triste, es haragán, es un desperdicio. Prefiero mi clase de fatalidad.

Quisiera, por ratos, perder un poco de mi propensión a verlo todo partido en dos. Probablemente sería más amable, sobre todo conmigo misma.

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