A veces sigo viendo a mis hijos como cuando eran pequeños y tengo que fijarme dos veces para aceptar que ya no lo son. Pero me tengo que forzar a hacerlo. Porque yo ya tengo una foto en mi mente de cómo se ven.
Nuestro cerebro busca gastar la menor cantidad de energía posible. Y por eso es que no nos volvemos a fijar en los detalles de las cosas familiares, porque ya lo son. Pero eso nos hace perdernos de los cambios que todo tiene. ¿Cómo darle crédito a la evolución de las personas que queremos, si no las notamos?
Vale la pena tomarse el tiempo de notar lo que ya no es igual. Y también en uno mismo. Al menos de vez en cuando.
