Es lindo cuando tenemos amistades tan cercanas que les conocemos las vidas. Esos momentos que los hicieron las personas que son y que nos cuentan para integrarnos. Es otra forma de volver a crecer con ellas. Igual que escuchar historias propias que nos cuentan nuestros papás. Yo tengo recuerdos de mi infancia que me contaron otras personas. No son míos, aunque hablan de mí.
No importa, creo. Cada memoria en nuestro cerebro la construimos con el paso del tiempo y compartirla la altera, porque la contamos diferente. Me pasa que sé que no sucedió algo exactamente como lo estoy refiriendo, pero no puedo recordarlo de la manera en que fue. Así que me quedo con lo que cuento.
Es parte de construirnos como las personas que queremos ser. Y cuando entran en conflicto los puntos de vista entre varios que vivieron lo mismo, podemos quedarnos con que lo que ellos están relatando tampoco es del todo realidad, aunque sea cierto para ellos.
Los recuerdos nos forman y nosotros los deformamos hasta moldearlos a lo que queremos y así nos hacemos las propias historias. Es buena oportunidad para aprender a escribirnos guiones que nos hagan mejores.
