Llega el día en que ya no te toman de la mano para caminar. Ya no les gusta lo que cocinas. Ya no quieren que les cantes su canción para dormir. El cerebro descontrola las relaciones precisamente para que haya un rompimiento. Es uno de papá al que le duele, ellos están siguiendo el imperativo biológico y Dios nos libre de interferir. Truncamos la vida que debe transcurrir en su propio cause.
Yo creo que el problema moderno no ha sido alargar la adolescencia, sino pretender que no la tengan. Se perpetúa la dependencia, la falta de acción, el levantamiento de la toma de decisiones y estar resguardados de sufrir las consecuencias. Cero responsabilidad. En tiempos antiguos, a los adolescentes se les integraba como parte productiva de la sociedad.
No estoy abogando por sacar a los niños a sobrevivir desnudos en el bosque a los trece años. Pero sí a dejar de querer que sean parte de uno. Aunque me duela que ya no quieran estar siempre conmigo.
