Verse a un espejo no es lo mismo que verse en una foto. En el espejo uno está en movimiento, la foto está estática. La vida es una mezcla de momentos fluidos y ratos en reposo. Tal vez por eso me está costando encontrarme de nuevo cuando me busco. La vida se me está pasando muy rápido y no he tenido tiempo de hacerme una foto.
Cambiar es estar vivo, pero hay que tener uno un poco de idea de para dónde va. Saberse uno a veces implica sacarse de los lugares en donde uno se ha escondido. Hay cosas que uno no se acuerda, o convenientemente ha olvidado que le gustaba. Tal vez de pequeño uno cantaba y los papás le dijeron que de eso no iba uno a vivir. O dibujaba bien y alguien se burló de nuestro trabajo. O nos daba vergüenza confesar que uno sí era sensible.
La personalidad, esa que nos da nuestra auto-imagen, como la que tenía la mara en The Matrix cuando los metían al programa, está formada de pedazos inamovibles y formas sin paz. A veces me acuerdo que me gustaba contar chistes y ahora ya no me sé ni uno. Mi marido me cantineó sacándome a comer sushi y ahora ya no lo puede ni oler.
La cuestión ahora no es sólo volverme a conocer. Es gustarme de nuevo. Tal vez voy a pedir que me tomen fotos.
