Me gusta el agua. Sabe a sed apagada, a recuerdos fríos, a calma. Me gusta que no sepa a nada. El pan con mantequilla y sal. Un banano. El helado de vainilla. Me gustan los abrazos que no necesito pedir. Un beso con la boca suave. El peso de unos ojos que me quieren sobre el cuerpo. Me gusta escuchar a mis hijos respirar de noche. La suavidad del pelaje de la gata que se me acurruca para dormir. Me gusta el olor a lavanda. Un par de jeans viejos que aún me quedan. La sonrisa llena de dientes de mi hijo. Los ojos de mi hija. El cielo cuando cambia de color. Los pájaros haciendo escándalo al despertar. El agua de la piscina que me envuelve.
Si tengo que hacer una lista de las cosas que quiero, que me son esenciales, creo que serían todas sencillas, pero no simples.
