Que las cosas vengan a mí

Quisiera no tener que salir jamás a hacer mandados. Los detesto. Pero no me gusta pedir cosas del súper a domicilio, porque prefiero ver qué necesito. Entonces me quedo en ese estado intermedio de odiar lo que hago, pero preferirlo a cualquier otra alternativa. No sirve, yo sé, para bajarme la ansiedad mediana con la que se convive en una ciudad llena de tráfico.

Así que me hago favores como ir muy temprano, cuando aún están llenando los anaqueles. Igual con el banco, igual con las instrucciones por correo. Todo se puede hacer desde mi casa. Preferiblemente en un lugar pequeño en el que me gusta trabajar.

Lastimosamente no. No todo. Hay que salir al mundo, compartirse, probar ver el sol. Y así me tienen recorriendo los pasillos llenos de gente que se queda parada con la carreta a la mitad, porque todos vamos pensando en lo propio. Es un lugar en el que se aglomera la gente, pero no socializa.

Tal vez en un futuro sí vendrán las cosas a mí y yo sólo saldré por personas.

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