Me ha tocado llevar al niño a partidos de fuchibol este año. Ha sido lindo porque lo tengo conmigo en el carro y platicamos. Los momentos en que todavía es mío. Los partidos son aburridos, no me gusta el soccer. Pero todo, hasta el tráfico, se compensa.
Tenemos la bendición de ver crecer gente y moldearlos, guiarlos, conocerlos. Agradezco cada momento que paso con ellos y hablamos, no importa cuál sea la circunstancia. Incluso concuerdo con otra mamá que decía que el carro es el lugar ideal para hablar de cosas serias, porque no hay contacto visual y uno puede sentirse más libre. “Vamos a comer un helado”, se convierte en la invitación para pasar tiempo juntos.
Me aburre ver fútbol. Pero lo hago con gusto, con tal de estar cerca de gente que pronto se va a ir. Y todo eso está bien.
