Siempre me quedo con la gana de contarle a mi mamá lo que hicieron los niños. Y se lo digo, en voz alta, imaginando su respuesta. A mi papá le cuento de la oficina, a veces discutimos un poco. Recuerdo a mis amigos que ya no están y aún le mando un abrazo por su cumpleaños a uno y le preparo galletas a otro.
Me he quedado con vida para compartir con gente que ya no está y eso me anima a hacerlo con el doble de fuerza con la que me queda. Igual que las palabras para quienes simplemente se alejaron. Siempre quedan cosas pendientes por decir y, aunque no sea posible hacerlo en persona, quiero escribir que agradezco la vida compartida, por larga o breve que haya sido la coincidencia. Y desear felicidad. Y, donde toque, pedir perdón.
El paso por la experiencia de otra persona siempre debería ser liviano y dejar cosas buenas, pero no es así todas las veces. Por las que he sido una cosa pesada, mis más sinceras peticiones de perdón.
