Tuve en casa a seis niñas/adolescentes, más la propia. Me gusta celebrar los cumpleaños de mis hijos así. Me permite conocer a las personas con quienes pasan tanto de su vida. La influencia de los pares es determinante en esta edad. Es la tribu, la vara con la que se miden. Y es el lugar donde aprenden a conocerse como personas separadas de uno.
Todas las culturas tienen ritos de iniciación a la adultez. Un antes y un después que implica más responsabilidad hacia los demás y más libertad hacia uno mismo. Creo que nos hemos quedado lamentablemente atrofiados desde que prolongamos indefinidamente esa entrada de nuestros hijos a una vida propia, con todo lo que eso implica.
No sé bien cómo hacerlo, sinceramente. Veo capaces a mis hijos, pero no están listos para salir a cazar su comida (y todo lo que eso quiere decir ahora). Tienen la estatura de adultos, pero no los creo preparados para comportarse como tales. En efecto, ni sus cerebros tienen esa capacidad. Tendré que inventarme una tradición milenaria para que todos pasemos ese umbral.
