No todo se puede al mismo tiempo

Soy fan empedernida de Mafalda. Desde pequeña, era de mis premios preferidos. Mi mamá no la aguantaba mucho, pero entendía el mérito de entender humor para una niña. Una de las tiras que más se me quedó grabada es cuando uno de los personajes le dice a otro que se imagine que todo estuviera «aquí». Así, todo. Sin espacio. Sin tiempo. Todo. Por supuesto, el otro se desmaya y el que hace la pregunta dice: «Sí, entendiste», o algo por el estilo.

La teoría unificadora de la física, esa que trata de explicar la contradicción entre un mundo newtoniano y uno einsteineano, pareciera querer decir eso. O por lo menos así la entiendo. Que todo lo que puede suceder, efectivamente ha sucedido o está sucediendo en universos paralelos y que lo único que tenemos qué hacer es poder navegar entre esas dimensiones. O sea, el argumento de muchas historias de ciencia ficción.

Es la mejor expresión de uno de los anhelos fundamentales de los humanos: lo queremos tener todo. Aunque sea mutuamente excluyente. Queremos estar en forma y comer lo que se nos ponga enfrente. Queremos los beneficios de la experiencia sin las cicatrices de las vivencias. Y, lamentablemente, así no se puede. Nos toca escoger entre dos cosas buenas todo el tiempo y eso es lo que nos desgarra, nos llena de conflictos, nos hace humanos empáticos. Porque el caminar entre la justicia y la misericordia es poder ponerse en los zapatos de la persona que tenemos al lado y tratar de entender sus circunstancias. Y las nuestras.

Yo siempre lo quiero todo. Pero en forma absoluta, no necesariamente inmediata. Estar presente en cada momento. Sentir con fuerza, aunque duela. Darlo todo. Si bien no es un todo al mismo tiempo, sí es un todo poco a poco. Hasta que no quede nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.