Matar el entusiasmo

No entiendo cómo de adulta se me ha olvidado qué es tener el entusiasmo por las cosas pequeñas que mueven a mis hijos. Y luego los miro y hay una voz que no tiene mi edad que me recuerda qué era tener la de ellos. A veces gana y nos reímos como locos en el carro burlándonos hasta de las cosas que hago de adulta con ellos. Como el juego de palabras que empiezan con las letras del abecedario y me toca a mí la letra «n» y digo que mi palabra favorita es «no».

Hacemos escándalo y nos reímos y el papá hace cara de «esta gente está loca». Creo que estoy aprendiendo. A relajarme. A ponerle atención a las cosas importantes. A poner primero el amor a la disciplina. Igual hoy los castigué sin tele y me reí mucho con ellos cada vez que me pedían apelación. No sé. Puede que de vieja no sea tan cascarrabias. Y puede que haya agarrado una perspectiva diferente de lo que importa.

Lo cierto es que quiero acordarme más del entusiasmo de las cosas pequeñas. Y tengo los dos mejores maestros para hacerlo.

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