Luz para ver

Estar iluminado se supone que se alcanza con introspección y desprendimiento. La primera para entenderse a uno mismo, lo segundo para soltarlo todo. El problema es que nuestro cerebro no está entrenado para ninguna de las dos cosas y el camino a ser una mejor persona está empedrado de nuestros mejores pensamientos.

Tal vez lo más difícil es darse uno cuenta en dónde se falla. Ese bucle infinito de ideas obsesivas que reinician el fuego de los sentimientos dañinos que nos hacen tener dolor. La primera cosa que hay que hacer es fijarse. Aceptar que hay algo malo allí. Y luego mejorarlo. No se puede llegar de un punto al otro sin pasar por un puente.

Yo trato. Con grados variables de éxito. Procuro mantener flexible la mente, aprender de lo malo, encontrar el aguijón en el dolor, no confundir miedo con enojo. La verdad, la luz que he metido a mi vida para lo que me sirve es para alumbrar mis defectos. Y está bien. Al menos ahora los ejerzo de forma consciente.

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