Lo que queda

Hay algunas playas en las que la marea recede y deja pequeños lagos en la arena, en los que se pueden ver estrellas y peces, conchas… el mar resumido a un charco. Los animales sobreviven hasta que regresa una ola por ellos y nosotros podemos volver a buscarlos la próxima baja de agua.

Hay emociones que nos atrapan, una tormenta de rabia, con todo y rayos y centellas. En ese momento oscuro, no vemos nada a nuestro alrededor, la lluvia misma nos ahoga y sólo nos sentimos sacudidos por la fuerza del elemento que nos tiene abrazados. El enojo, la indignación, la decepción, la ira. Todas emociones que nos alimentan a hacer algo, pero que nos ciegan acerca del camino que debemos tomar.

Rara vez tomo una decisión en ese estado. Me conozco demasiado bien y sé que no estoy viendo todas las consecuencias de algo que pueda hacer, por mucho que tenga ganas de dejarlo todo y salir corriendo. Cuando permito que se me pase la oleada inicial, puedo ver lo que queda, la emoción verdadera. Y hasta allí comienzo a pensar en hacer algo. La ola que viene a tapar de nuevo el fondo ya no destruye, sólo integra y eso necesita a veces mi corazón.

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